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Un cervatillo libre bordado durante el encierro

27 de abril de 2020

Cervatillo bordado con hilos de algodón ‘mouliné’ (1 hebra). Hojas de pino y piñas con hilo de algodón ‘cotton a broder’. Bordado durante el largo confinamiento, me ayudó a pasar mejor las tardes en casa.

Encontramos un nido de mirlo con un precioso huevo azul dentro. Estaba en una buganvilla que se había venido abajo por el viento, así que lo recolocamos muy cerca.

bordado, decoración, muñecas, teñido natural

Muñecos, bordados y otras cosas del otoño

Novedades que trae el otoño. Por un lado, el zorrito de franela de algodón orgánico, teñido a mano con tintes naturales, que preparo yo misma. Es todo suavidad y ternura. También las estrellas hacen su aparición en las largas noches de otoño, algunas ya conocidas y otras nuevas, aprovechando retalitos que sobran de coser la ropa de los muñecos.

Y en mis ratos libres… pues por fin he conseguido terminar el bordado del petirrojo, mi proyecto del curso de Gimena Romero. Y aprovecho que ya hace frío para quedarme en casa y seguir bordando, leer debajo de una manta y comer calabaza al horno, mmm…

 

 

 

 

bordado, muñecas

Soñadoras

Ya empieza el frío y va apeteciendo acurrucarse en el sofá o en la cama… y empezar a soñar. Estas muñecas llevan unos gorritos para dormir con un pompón en la punta, para estar bien calentitas ahora que viene el invierno.

Para los vestidos he utilizado telas antiguas de algodón que he teñido con colorantes naturales en casa, empleando cáscaras y huesos de aguacates, pieles de cebolla, moras que recogí este verano paseando por un camino y los restos del vino de alguna celebración 😉

Todos los vestidos y las caritas están bordados a mano con mucha paciencia.

 

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Un bordado con historia

Tenía muchas ganas desde hace tiempo de publicar este post con las fotografías que hice a la colcha de seda que mi bisabuela, Loreto Pastor, bordó hace casi 100 años. Esta colcha la confeccionó, cosió y bordó ella sola para su boda y tardó sólo 3 meses en terminarla. Por las noches seguía bordando sentada en una silla casi en penumbra, alumbrándose tan sólo con un candil. Mi bisabuelo, cuando terminaba de trabajar, en lugar de salir a pasear por el pueblo como hacía todo el mundo, iba a ver a Loreto y la ayudaba con el bordado, enebrándole los hilos de diferentes colores que iba necesitando. Mi abuela me contó hace poco que una vez uno de sus nietos le dijo a mi bisabuela: “iaia, tienes los ojos muy pequeñitos” a lo que ella respondió “sí, pero me han salido muy buenos”. Y realmente debía tener buena vista para bordar estas maravillas. Aquí tenéis unas fotos.

 

 

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